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ríen los niños y las brasas alabando la alegría del fuego
y todos nos sentimos millonarios de felicidad, poderosos de felicidad,
contentos de la buena pobreza,
y tranquilos,
seguros de la buena pobreza y la buena tristeza que nos torna humildes y emancipados,
...entonces, cuando los perros mojados del invierno aúllan, desde la otra vida...
- Bueno es que el hombre aguante, le digo -,
así le digo al esqueleto cuando se me anda quedando atrás, refunfuñando,
y le pego un puntapié en las costillas. |
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“Soy un hombre casado”
Pablo de Rokha. |
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